Empecé a escribir con el corazón roto, como intentando pegar con palabras las piezas sueltas, intentando entretejer con agujas de texto la maraña de sentimientos, procurando no dejar mucho espacio entre letra y letra.
Perdonar está sobrevalorado. La mejor forma de venganza es la memoria: nunca olvidar. Prefiero escribir palabras punzantes, flechas de tinta negra, puñales de letras dirigidas directo al recuerdo. "¿Te acordás del día en que nos tiramos en el piso de mi estudio y sólo la música rompía el silencio? Ahí nos queríamos mucho, y nos queríamos bien. Luego te dejé de querer."
Con el papel como vehículo y las palabras como compañeras, me aseguré de darle a cada quien su merecido. Devolví lo que creí que era debido: escribí una carta de desamor y la entregué a destiempo, como queriendo decir "aquí está todo lo que fue, pero ya no es."
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