"Y como, como si se me encendiera alguna luz, al rozar contigo."
Te rozo la rodilla a propósito y por accidente me paralizo. Tiemblo sin mover un ápice de mi cuerpo, para no romper el contacto. Me recorre una sensación eléctrica de la cabeza a los pies. Me acomodo hasta encajar hueso con hueso. Me congelo, sonrío para adentro y disimulo que te quiero.
Que nadie se entere, que no te des cuenta ni vos. Porque si nos acercamos un poco, si me alcanza tu mano por la espalda y me detengo en la mitad de todo, si me escondés el cabello detrás de la oreja y yo cierro un poco los ojos, ya no hay vuelta atrás. Si tu aliento se junta con el mío y me pasás un dedo por el cuello, "sin querer", si me rozás un poco la mejilla y poco a poco avanzás, ya no vas a poder parar porque hay una línea recta que te dirige directo hasta la comisura de mi boca, y si mi boca se vuelve abismo y por ahí decidís caminar cerquita, te vas a caer, y como es abismo, nos vamos a ir los dos juntos sin poder parar. Como cuando se hala un hilito de la ropa que anda suelto y con él se descose todo el camino que se había tejido.
El problema es que creo que encajás perfecto en mi cintura. Que creo que encajo perfecto en tus costillas. Creo que tus hombros tienen la forma de los espacios que dejan mis ojos. Que tus manos hacen rompecabezas con las mías. Pero es todo teoría. Y si algún día vos y yo lo comprobamos. Si algún día vos y yo, todo. Si algún día vos y yo, nada más.
"Le ordeno a mi corazón que se detenga. Tic, tac, tic, tac, tic, tac"
Yo sé que me mirás por encimita, como para no clavarte en mis ojos que son en sí mismos puñales cuando quiero. Hay un lunar en el borde de tu boca que necesita compañía.

No hay comentarios:
Publicar un comentario